El otro virus, el peor, de la pandemia de 2009 se llama… Felipe Calderón

Convertido ya en el más ferviente crítico del régimen de Andrés Manuel López Obrador en las redes sociales, el genocida Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, usurpador de la presidencia en el sexenio 2006-2012, no para de señalar con dedo flamígero cada movimiento, pifia y dislate del tabasqueño y sus colaboradores, olvidando –porque no le interesa recordar– que gran parte de la problemática que sigue privando en México es herencia de su espuriato sangriento.

Y aunque, en efecto, sobre la crisis actual derivada de la pandemia de covid-19 no hay responsabilidad alguna que achacarle a Calderón, lo cierto es que en ese tema tampoco tiene autoridad moral para repartir críticas y opiniones a diestra y siniestra, como hace religiosamente todos los días en las redes, pues él mismo debió enfrentar una situación similar en su sexenio y los resultados que entregó fueron, igual que todo lo que hizo en aquel negro pasaje de nuestra historia, NEFASTOS.

No se requiere ser un experto investigador para destapar la cloaca de corrupción, despilfarro e inoperancia de su régimen espurio durante la pandemia de influenza AH1N1, ocurrida en 2009, pues basta con una búsqueda simple en Internet de las términos “Calderón AH1N1” para que la información en tal sentido fluya a borbotones. Aquí mostraremos sólo tres ejemplos monstruosos que, por su gravedad y consecuencias, bastarían para echarle encima unos buenos años de cárcel a ese delincuente que tanto daño hizo, y pretende seguir haciendo, a nuestro país.

Las famosas “pruebas rápidas” inservibles

En mayo de 2009, mientras la influenza porcina –nombre original de la enfermedad– se propagaba sin control, el régimen espurio de Calderón anunció la compra millonaria de “pruebas rápidas” para la detección del virus causante de la pandemia. El dispendio en esas pruebas se desconoce hasta ahora, pues en aquella época no existían las obligaciones de transparencia que se manejan actualmente. Sin embargo, entonces, como ahora, se sabía que ese tipo de pruebas no eran del todo confiables, pues su resultado depende de la pericia de quien las aplica y de muchos otros factores clínicos de quien la recibe.

A continuación, el testimonio del médico y sociólogo Ramón Rocha Manilla, ex coordinador de Enseñanza en un hospital del Instituto de Seguridad Social y Servicios de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) en Orizaba, Veracruz, sobre las “pruebas rápidas” de AH1N1 adquiridas en 2009 por el régimen de Calderón:

Mientras llegaban [las pruebas], como parte de las estrategias educativas del hospital, hicimos una búsqueda de información al respecto, la cual nos orientaba a que las pruebas rápidas para influenza, además de ser caras, no eran confiables. Además eran diagnosticadas para influenza A y no exactas para influenza AH1N1. […] Parece que la meta neoliberal de comprar insumos inservibles se había consumado.

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Despilfarro millonario en propaganda para difundir mentiras

Al igual que su sucesor, también espurio, Enrique Peña Nieto, el genocida Calderón no escatimó en gastos –financiados con recursos del erario, claro está– para enriquecer a quienes le brindaron un apoyo muy importante en su camino al robo de la presidencia: los medios falsarios de comunicación, en especial Televisa y Televisión Azteca. El despilfarro del sujeto en propaganda de todo tipo para legitimarse fue multimillonario.

En 2012, la revista Proceso publicó un amplio reportaje titulado “Los engaños virales de Calderón” para exhibir con todo rigor periodístico la corrupción del régimen calderonista durante la etapa de la pandemia. Ahí se documenta el despilfarro millonario en propaganda, las mentiras, la intentona de saquear a los mexicanos con IVA de 17 por ciento en medicinas, gasto opaco en vacunas que acabaron en la basura y un sinfín de corruptelas más, con beneficio no sólo para los medios que ayudaron en su imposición, sino también para grandes trasnacionales farmacéuticas y de otros giros que hallaron en México un paraíso de saqueo a manos llenas, cortesía del criminal que usurpaba la presidencia.

Ante el brote de influenza AH1N1 que llenó de paranoia al país en 2009, Felipe Calderón desplegó un enorme aparato publicitario para convencer a todo el mundo de que, si la pandemia no llegó, fue por la oportuna reacción de su «gobierno». Datos obtenidos por la Ley de Acceso a la Información Pública demuestran que ese esfuerzo provino de las dependencias del sector salud y de los gobiernos estatales, además de que existió un millonario dispendio.

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Maquillaje y ocultamiento de cifras

A continuación citaremos a uno de los pasquines favoritos de quienes denuestan a este medio alternativo por su nombre, Notigodínez, basado en el apellido de quien esto escribe. ¿El rubro? Las mentiras descaradas del genocida Calderón sobre los muertos de la pandemia AH1N1, para ocultar su total inoperancia, incapacidad, desinterés en atenderla adecuadamente y las consecuencias mortales en los miles de fallecidos que no reportó.

La crisis de la influenza que azotó a México hace 10 años fue mucho peor de lo que se admitió. Hasta 9.5 millones de mexicanos se infectaron del virus AH1N1 durante la pandemia y hasta 8 mil fallecieron, cifra superior a los mil 289 decesos y 72 mil 546 casos oficiales y reconocidos el 29 de junio de 2010, cuando el gobierno federal levantó la alerta, arrojó una investigación del Instituto Nacional de Salud Pública.

[…]

Mauricio Hernández, ex director del INSP, explicó que un equipo de investigadores y epidemiólogos encontró las nuevas cifras al rastrear actas de defunciones de la época y expedientes, comparar los datos con reportes epidemiológicos, publicados en la base de datos oficial de la Secretaría de Salud –conformada con una “fracción pequeña de casos confirmados” […]. La investigación del INSP de abril a noviembre de 2009 reportan hasta 9.5 millones de personas contagiadas, algunas con síntomas leves y otras, severos; unas 31 mil hospitalizaciones y hasta 8 mil defunciones. Hernández no tiene dudas. Se “manipularon las cifras, notificaron lo que quisieron”.

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En conclusión, ciertamente hay mucho que reclamar al actual régimen por su respuesta ineficiente ante la pandemia de covid-19, pero el menos indicado para ello es el genocida Felipe Calderón. De entrada… ¡se robó la presidencia de la República! Ese crimen, por sí solo, basta y sobra para presentarlo ante la justicia popular y hasta carece de sentido analizar qué hizo bien o mal durante su espuriato. ¡Es absurdo! Los mexicanos debimos reaccionar para impedir aquella perniciosa imposición, punto. No lo hicimos y ahora, doce años después, seguimos pagando las consecuencias de nuestra inacción. Encima, el sujeto no tiene la mínima decencia de cerrar el hocico y retirarse de la vida pública. Su nivel de mala entraña es tal que ahora se ostenta como un gran experto en la conducción del país, repartiendo críticas a diestra y siniestra y avanzando su inaudita pretensión de crear un partido político para volver a usurpar la presidencia. Pero la vergüenza en todo esto es mucho mayor para el pueblo que, ante semejante agravio mayúsculo, sigue sin reaccionar. ¿Dónde está tu dignidad, mexicano?

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