A falta de vivienda digna 16 millones de mexicanos viven junto a presas, ríos y lagos, arriesgándose a inundaciones

Evlyn Cervantes
Reforma

Cd. de México (27 julio 2014).- Por vivir en inmediaciones de presas, ríos y lagos, 16 millones de mexicanos están expuestos a inundaciones.

Felipe Arreguín, subdirector técnico de la Conagua, asegura que se trata de invasiones que afectan el funcionamiento de los embalses y el control de avenidas torrenciales de ríos durante la temporada de lluvias.

Al mismo tiempo, advierte, elevan el grado de vulnerabilidad de la población que vive en esos sitios.

De acuerdo con un diagnóstico de la dependencia, 162 mil kilómetros cuadrados del territorio nacional son susceptibles de inundarse. Dicha extensión es similar al municipio mexiquense de Huehuetoca.

El documento refiere que la zona federal aledaña de al menos 100 presas está ocupada por viviendas y negocios.

Ejemplo de ello son los asentamientos sobre Valle de Bravo, en el Estado de México; La Boca, en Nuevo León; Plutarco Elías Calles, en Aguascalientes; Chicoasén, en Chiapas, y la laguna de Yuriria, en Guanajuato.

Asimismo, advierte que 80 por ciento de los 8 mil 410 kilómetros de ríos que pasan por zonas urbanas tienen algún grado de invasión.

En tanto, los 20 lagos más importantes a nivel nacional, como Chapala, en Jalisco; Pátzcuaro y Zirahuén, en Michoacán, y El Rejón, en Chihuahua, también reportan asentamientos en sus alrededores.

Invaden lagunas, casas y negocios

Yuriria, Guanajuato.- La casa donde vive Gaudencio Soto Balcázar está construida sobre un terreno conformado por tierras ejidales y la zona federal de la presa Laguna de Yuriria.

En la puerta de su casa, ubicada en la localidad de La Angostura, tiene de frente el espejo de agua que sirve como vaso regulador del río Lerma.

Él y los más de mil 200 habitantes de la comunidad forman parte de la población que vive y tiene negocios en las inmediaciones de 100 presas del País y que están en riesgo de verse afectados por inundaciones, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua.

«Tengo una tercera parte en lo que es ejido y el resto en el vaso de la presa. Pero hay muchos que están en la orilla de la laguna viviendo nada más en el vaso de la presa», cuenta el pescador, quien lleva en su celular las postales que él mismo captura del paisaje que tiene a la vista.

Aquí las casas fueron construidas dentro, a la orilla o a un costado del vaso de la presa. Esta comunidad junto con los habitantes de Los Tepetates y Lomas de Zempoala resintieron hace un año el impacto de una tromba por la formación de un tornado en medio de la laguna.

Este fenómeno climático fue denominado por la Universidad de Guanajuato como «cumulonimbus mamatus», el cual provocó afectaciones en algunas viviendas y daños de cultivos ubicados en la orilla de la presa.

Aunque no es la primera vez que la Laguna sorprende a los habitantes, dice Elvira Almanza, de la localidad Lomas de Zempoala.

«Hace 11 años que me anegué más feo, dijeron que nos iban a ayudar pero luego que siempre no porque es zona irregular.

«Ese día se reventó el bordo de la presa y ahí andamos buscando quién nos viniera a ayudar. Antes vendía zapato y se me echó a perder todo, duré fuera de aquí tres meses porque todo esto se quedó acorralado con el agua», cuenta la mujer.

Pero Gaudencio, quien también coordina a 198 pescadores que integran el grupo La Angostura Punta de Ángel, externa que él es de los afortunados porque en los 40 años que tiene viviendo aquí nunca se ha inundado.

No obstante, el hombre de 54 años de edad admite el deterioro que ha sufrido la Laguna de Yuriria, decretada en 2001 como Área Natural Protegida (ANP).

«Todavía hace como unos 10 años se mantenía uno de la pesca de mojarra, carpa, charal, rana y bagre, pero ahorita sólo hay carpas que pagan a 4 pesos el kilo.

«Ya nos terminamos todo lo que produce la laguna», explica mientras enciende el motor de su lancha, la misma que utiliza para trasladar a investigadores de la Universidad de Guanajuato que vienen a tomar muestras del agua de la presa.

Conforme se aleja la lancha que conduce el pescador, se puede apreciar la orilla de la Laguna ocupada por viviendas habitacionales que se intercalan con palapas, restaurantes, predios que se ofertan para servicio de estacionamiento, embarcadero y pescadores que subsisten de la pesca y paseos turísticos.

Para el líder de los productores, la amenaza mayor está en la pesca de arrastre a gran escala e ilegal que practican pescadores de Yuriria y Michoacán.

«Estos camaradas no dejan reproducirse a las mojarritas que sembramos, se las llevan con las redes de arrastre porque sacan 80 o 100 kilos con la red.

«Este fin de semana decomisamos dos redes, pero ellos de volada hacen otra porque no les ponen una multa ni los detienen», cuestiona.

Pasan huracanes … y no se mueven

Monterrey.- Quienes viven junto al arroyo La Chueca, a poco menos de un kilómetro de la presa La Boca, aún recuerdan que sus casas quedaron bajo el agua durante el paso del huracán «Alex», en 2010.

«El agua llegó hasta arriba e inundó todo esto», comenta Guadalupe Pineda Meraz mientas extiende el brazo para señalar la comunidad de viviendas construidas en la zona de riesgo.

Con más de 60 años de habitar junto al afluente, Pineda Meraz considera que los vecinos se han acostumbrado a convivir con las inundaciones y hablan de los huracanes con un tono familiar.

«Aquí vimos al ‘Gilberto’ y al ‘Alex’, que ha sido el más fuerte. Y el año pasado nos toco ‘Ingrid’, pero ya no pegó mucho», apunta.

Las familias que viven a lo largo de la orilla del arroyo que conecta con la presa La Boca son parte de los 16 millones de habitantes expuestos a inundaciones por vivir en inmediaciones de presas, ríos y lagos, según reportes de la Comisión Nacional del Agua.

La dependencia señala que la habitación junto a los cuerpos de agua, en muchos casos de manera irregular, afecta el funcionamiento de los embalses y el control de avenidas torrenciales de ríos en temporada de lluvias, y al mismo tiempo eleva el grado de vulnerabilidad de la población.

Ruth Estrada, con 24 años de vivir en el sector, señala que la tierra que han depositado los nuevos desarrollos habitacionales más al norte de manera irregular ha incrementado los riesgos.

«Han echado montones de tierra. Eso fue lo que provocó la inundación del ‘Alex'», afirma.

Guadalupe Ayala, un hombre de 53 años que hace 15 llegó a vivir junto al arroyo La Chueca, considera por su parte que con las adecuaciones a un puente cercano tras el paso de «Alex», las recientes lluvias no han representado un riesgo.

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