¿ABRAZOS? NO, ¡BALAZOS!

El siguiente artículo de opinión versa sobre el decreto presidencial publicado el 11 de mayo de 2020, por el cual se ordena al Ejército y la Marina intervenir en acciones de seguridad pública en todo el país. Inicialmente se consideró que el decreto constituía un reconocimiento tácito del fracaso de la Guardia Nacional y la regresión a la estrategia, también fallida, de los regímenes anteriores que dispusieron de las fuerzas armadas para tareas de seguridad civil. En realidad el decreto sólo formalizó las disposiciones legales que ya se habían avalado para la conformación de la Guardia Nacional. Sin embargo, el matiz «constitucional» de ese decreto no altera de ningún modo nuestra opinión sobre el tema: se trata de una militarización pura y dura, cuyo fracaso rotundo, si se considera ingenuamente que esa estrategia va dirigida a proteger al pueblo, ha quedado demostrado en 12 años de barbarie.

Siguiendo con la genocida estrategia de sus antecesores, Andrés Manuel López Obrador ordenó hoy, lunes 11 de mayo de 2020, la intervención del Ejército Mexicano y la Marina en labores de seguridad pública en todo el país. A través de un decreto –inconstitucional– firmado por el tabasqueño y publicado en el Diario Oficial de la Federación, soldados y marinos saldrán nuevamente a las calles debido a que la Guardia Nacional… “todavía no está lista”. El chistecito de AMLO costó miles de millones de pesos a los mexicanos… y resulta que no sirve.

El primero en militarizar oficialmente al país fue el genocida Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, exusurpador de la presidencia de la República en el sexenio 2006-2012, luego de perpetrar un fraude electoral descarado para apoderarse ilegal e ilegítimamente del cargo. Apenas iniciado su espuriato, Calderón ordenó el despliegue de elementos militares con el fin de amedrentar a la ciudadanía y evitar una posible rebelión masiva –que sí se estaba gestando– en su contra. El sujeto llamó a su estrategia “guerra contra el narco”. En tanto, su “secretario de Seguridad Pública“, Genaro García Luna, y otros altos “funcionarios” de su régimen usurpador, servían a los grupos del crimen organizado que Calderón presumía combatir.

Su sucesor, también espurio, Enrique Peña Nieto, decidió seguir en la misma línea igualmente asfixiado por el repudio popular tras el fraude que perpetró para llegar a la presidencia; tener un soldado armado en cada esquina para intimidar a los mexicanos, mientras continuaba la sanguinaria simulación del “combate al narcotráfico“. La estrategia dio los resultados esperados para ambos usurpadores, pues el holocausto de mexicanos en los pasados 12 años superó, según estimaciones, el medio millón de víctimas.

Heredando la barbarie iniciada por sus antecesores, el régimen de López Obrador se perfila a convertirse en el más sangriento de la historia. El tabasqueño había prometido pacificar al país si triunfaba su movimiento, aunque ciertamente opinaba que el regreso del Ejército a los cuarteles debía realizarse paulatinamente. Por ello, aplicó la maniobra de Ernesto Zedillo –artífice de la Policía Federal Preventiva integrada por soldados– y “creó” una nueva corporación policíaca militarizada, la Guardia Nacional (GN), aunque en este caso básicamente le cambió el nombre y el uniforme a la extinta Policía Federal.

La inversión –cargo al erario– para integrar la GN apenas en su fase de arranque, asciende a 20 MIL MILLONES DE PESOS. Fue el propio Alfonso Durazo, actual “secretario de Seguridad Pública” –inepto evidentemente–, quien dio a conocer el dato en la conferencia mañanera del 27 de marzo pasado. Informó también que durante la primera fase, alrededor de 80 mil elementos serían desplegados en todo el territorio nacional.

En efecto, según datos del portal Sinembargo, hacia el 15 de abril se contabilizaban 79 mil elementos de la GN dispersos a lo largo y ancho del país. ¿El resultado? Miles de muertos, incremento en la cifra de homicidios y repunte en la incidencia de otros delitos violentos.

Ni siquiera la pandemia de COVID-19 ha hecho bajar las cifras rojas de la violencia. El pasado 23 de marzo arrancó la jornada nacional de «sana distancia», que incluye el distanciamiento social y no salir de casa como parte de las medidas de contingencia sanitaria. Pese a ello, el domingo 19 de abril se registraron 105 homicidios dolosos, siendo el día más violento en lo que va del año, y mil 605 homicidios dolosos desde el primer día del mes y hasta aquel domingo sangriento. También se reportó un aumento en los robos y saqueos.

Ciertamente la violencia no escampa con todo y la flamante GN de López Obrador –aunque ha servido muy bien como border patrol de Estados Unidos en la frontera sur–, pero para estos momentos debería ser obvio que el despliegue de soldados y marinos, entrenados para matar o morir, en labores de seguridad pública, TAMPOCO FUNCIONA. Doce años de violencia creciente, represiones brutales, masacres, desapariciones y un largo etcétera de crímenes cometidos por las fuerzas castrenses contra el pueblo, deberían ser suficientes para demostrarlo.

¿Es posible obtener resultados distintos aplicando las mismas estrategias? Claro que no, a menos que el resultado esperado sea… la barbarie. Quizá entendimos mal a López Obrador cuando prometía “abrazos, no balazos”, al ser cuestionado sobre la estrategia de seguridad que emprendería su gobierno. En efecto, era necesario cambiar la puntuación ortográfica de aquella frase para comprender a cabalidad lo que AMLO realmente quiso decir:

¿ABRAZOS?, NO, ¡BALAZOS!

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