CNTE, único grupo digno que sigue luchando en vez de esperar a que “acabe el sexenio y se resuelva todo de milagro”

La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) parece ser el único grupo dispuesto a seguir luchando, enarbolando la dignidad por encima del pragmatismo, el oportunismo político o la resignación que acompaña al final del sexenio para esperar “a ver qué pasa” en el siguiente.

Con su lucha vigente contra la mal llamada “reforma” educativa que criminaliza al magisterio, la coordinadora manda un mensaje muy claro al próximo ocupante de Los Pinos, sea quien sea: NO SE RENDIRÁ JAMÁS NI VENDERÁ SU DIGNIDAD.

En fechas recientes, los detractores de Andrés Manuel López Obrador, candidato presidencial de la coalición “Juntos haremos historia” y puntero en todas las encuestas electorales, acusan que las actuales movilizaciones del magisterio democrático son orquestadas por el tabasqueño. Mienten descaradamente para golpearlo y desprestigiar también a la coordinadora.

Cierto, AMLO ha prometido derogar la contrarreforma educativa y ha dialogado con la CNTE para tenerla de su lado cuando logre la victoria electoral. No obstante, si algo le conviene a López Obrador en estos momentos, es justamente la paralización de cualesquiera movimientos de lucha y de resistencia contra el régimen usurpador de Enrique Peña Nieto. Lo dijo casi textualmente hace unos días, cuando pidió “apoyar al gobierno del Presidente Peña para que termine bien y se dé sin ningún problema la transición al nuevo gobierno”, su gobierno.

Se habla, incluso, de un “pacto” entre AMLO y el propio Peña, entre el partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y el Revolucionario Institucional (PRI), para que en esta elección sí se respete el triunfo del tabasqueño a cambio de impunidad para Peña y sus esbirros en el nuevo gobierno.

¿Existe ese pacto? Sí. López Obrador ha expresado abiertamente que no perseguirá a sus enemigos. “No odio ni busco venganza”, dice una y otra vez cuando responde a los ataques de la “mafia del poder”. Así que el acuerdo tácito está puesto sobre la mesa: “déjenme llegar a la Presidencia y los dejaré impunes”, discurso que contrasta con sus enérgicas promesas de justicia en el pasado.

La mustia y sospechosa mansedumbre de los medios en estas campañas, el pleito de perros entre José Antonio Meade y Ricardo Anaya por el segundo lugar, y la clara intervención del “gobierno” de Peña para golpetear al más cercano perseguidor de AMLO sin tocar a éste, dan fe de la existencia de ese pacto.

Por todo ello, lo que más urge a López Obrador es que ya se acabe el sexenio, que vengan las elecciones “en paz”, sin más reclamos ni recordatorios sobre la ilegitimidad del régimen y sus corruptas instituciones; que venga el triunfo el 1 de julio, la entrega de la constancia de mayoría y la “transición” sin mayor aspaviento para materializar al fin su anhelada meta de llegar a la Presidencia de la República.

En esa línea ya están millones de mexicanos, que hoy dan la espalda a la historia para entregarse, frenéticos, a la Peje-manía. Atrás quedó el cacareado “despertar de conciencia” que tanto presumían. Han abandonado la dignidad de alzar la voz ante los crímenes que se siguen cometiendo en este régimen espurio, ilegal e ilegítimo. Ya sólo esperan, agazapados frente a sus computadoras, que llegue el día de la elección para salir a votar y luego volver a encerrarse para aguardar a que el líder lleve a cabo la prometida “cuarta transformación”.

Si acaso, un sector más combativo se dice listo para “defender el voto”, denunciando ferozmente los delitos electorales de priistas de poca monta. Pero el agravio mayúsculo de seguir manteniendo en Los Pinos al asesino de Atenco, de Ayotzinapa, de Nochixtlán… ya no importa, al cabo que “ya se va a acabar el sexenio”. La ignominia de permitirle usurpar la máxima investidura puede tolerarse sin ningún problema durante algunos meses más, total, ¡ya casi se va! Mientras tanto, que sigan el saqueo, los desvíos, la corrupción, los despojos, la violencia y el baño de sangre. Pero, ¡shhhh!, nadie diga nada porque AMLO ya ordenó “dejar a Peña terminar su sexenio en paz”.

Solamente el magisterio democrático se alza con dignidad para volver a enseñarnos que la lucha es aquí y ahora, que no bastan las promesas ni los liderazgos carismáticos para “darse por bien servidos”, que los principios y la congruencia no se venden jamás, ni se negocian en pactos y acuerdos “políticos” a espaldas del pueblo.

¿Cuándo escucharemos, cuándo aprendermos la más valiosa lección que nuestros maestros, con el ejemplo, están enseñando a los mexicanos en este preciso instante?

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