DESCOMPOSICIÓN SOCIAL: Adolescentes desahogan su dolor psíquico lesionandose la piel con objetos punzocortantes

  • El cutting les permite “liberarse” del sufrimiento y sentirse vivos: especialista
  • Los menores utilizan cualquier objeto punzocortante para marcarse brazos, piernas o abdomen
  • En 4 años se duplicó el número de casos
  • Es difícil de detectar porque esconden las heridas

Ángeles Cruz Martínez
La Jornada

Una escritura en el cuerpo. Una forma de expresar el dolor síquico y también de defenderse, sentirse y concentrarse en el sufrimiento físico para olvidar el otro. Eso es el cutting, cortarse la piel, un mecanismo cada vez más frecuente entre los adolescentes y del cual poco se sabe porque se esconde debajo de la ropa, en sitios del cuerpo accesibles para los chicos y a la vez fáciles de ocultar a la vista de los demás.

Cualquier objeto punzocortante sirve para realizar las marcas (rayas) en brazos, piernas y abdomen: las tijeras de la escuela, el compás, la punta de la pluma, lo que sea con tal de poder “liberarse”, de sentirse vivos y encontrar la paz que necesitan. “Al menos un rato”, explicó Sandra Posadas Pedraza, maestra en sicoanálisis de la Clínica de Atención Integral del Niño Maltratado del Instituto Nacional de Pediatría.

La sensación de “bienestar” que les provoca a los jóvenes –hombres y mujeres– cortarse la piel es pasajera. Como carecen de otras herramientas para expresar lo que les molesta, regresan una y otra vez a “escribir” en su piel.

El cutting es cada vez más común entre niños y niñas que entran a la etapa de la adolescencia. De hecho, en los pasados cuatro años se duplicó la demanda de atención en los servicios de salud, comentó la especialista.

Estudiantes de secundaria, los más propensos

No existen estadísticas oficiales sobre los cortes en la piel, pero sin duda, aseguró, es un problema frecuente entre los chicos que cursan el nivel secundaria. Al menos eso es lo que ella ha podido comprobar en sus visitas a los planteles escolares.

Y es común, dijo, porque refleja lo que ocurre en la sociedad, inmersa en altos niveles de violencia y estrés. Parece que nos acostumbramos a vivir con esto, pero tiene repercusiones graves en los individuos y sobre todo en los niños y adolescentes.

En estos últimos se acentúa la crisis porque de por sí viven un momento de intensos cambios internos. La transición entre la infancia y la adolescencia. Ya no son niños y ahora sus padres los tratan de manera diferente y ellos mismos han cambiado. No quieren cerca a sus papás, pero a la vez los necesitan. Es un momento de crisis, muchas veces incomprendido por los adultos, comentó la sicoanalista.

Es difícil entender y más todavía lograr una actitud diferente en el trato hacia los jóvenes. Sin embargo, advirtió, los adultos, padres de familia, deben evitar emitir juicios de valor, tienen que asumirse como amigos de sus hijos, escucharlos sin opinar, a menos que les pidan su punto de vista y aunque reprueben lo que están escuchando.

“Los adultos tenemos que aprender a escuchar y eso significa no imponer lo que pienso, ni lo que quiero y deseo para él o ella”. En ocasiones los chicos no van a pedir la opinión de sus padres, pero sí quieren ser escuchados. Luego, ellos solos regresarán porque saben que no serán juzgados ni perseguidos. El reto es que los adultos toleren.

Esa es parte del secreto de una convivencia armónica y de generar los espacios de confianza para evitar que los niños y niñas recurran al cutting u otras “formas de expresión” comunes, como el uso de drogas, el consumo de alcohol, los embarazos adolescentes o que caigan en trastornos emocionales (depresión y angustia) y/o físicos.

Los cortes en la piel representan una forma de expresión. En la clínica, comentó Sandra Posadas, es común que los muchachos digan que no saben por qué ni para qué se cortan, pero los hace sentir bien.

Aunque claramente viven en sufrimiento por causas diversas, como las peleas o el divorcio de sus padres, la muerte de alguno de ellos, o haber sido víctimas de abuso sexual, entre otros, no siempre identifican la causa de su decisión de cortarse. Algunos lo saben pero no tienen manera de hablarlo para liberarse.

En ocasiones llegan a la clínica por otra razón, y sólo después de meses de trabajo en la terapia comentan sobre las lesiones en su piel.

Posadas aseguró que los adolescentes que se cortan no tienen la intención de quitarse la vida. “Eso no es. Tampoco se debe descartar la posibilidad”, pero de entrada no existe esa intención.

Para la experta, el riesgo mayor está con los adolescentes que no llegan a la clínica, que se están cortando la piel a escondidas. Pueden quedarse sometidos a este mecanismo sin lograr verbalizar el dolor que viven.

El cutting, insistió, es un reflejo de lo que ocurre en la sociedad. “Todos estamos preocupados. Los muchachos también. Se preocupan por sus papás, por la situación económica de su casa, porque hicieron examen para entrar a la preparatoria y los enviaron a un Conalep a dos horas de su casa y sus padres no pueden pagar otra opción. Nos tenemos que ocupar, ver qué es lo que nos está preocupando a todos”.

Los principales síntomas

Los adolescentes que enfrentan algún sufrimiento y deciden cortarse la piel se pueden mostrar distraídos. Tienen dificultad para expresar sus sentimientos y un bajo control de impulsos.

Lo importante, advierte la sicoanalista Posadas, es saber la causa y generar el ambiente para que el o la joven puedan hablar de eso que les provoca dolor.

Los adultos deben tener presente que si sus hijos sufren por alguna causa, es de manera inconsciente y por lo tanto no pueden pedir ayuda. Sin embargo, sí hay algunas manifestaciones como el bajo rendimiento escolar, la rebeldía y el silencio.

La especialista advierte que nunca será un problema sólo del adolescente, sino de la familia en su conjunto. El chico es el síntoma de algo que pasa en el hogar. Cuando los papás lo entienden así y deciden enfrentarlo juntos, les va mejor a todos.

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