Las 144 MILLONES DE RAZONES que Peña dio a Krauze para olvidar su frase, “el hampa periodística”

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En otro tiempo respetado y considerado un referente dentro de los círculos intelectuales de México, el historiador Enrique Krauze Kleinbort llega al ocaso de su trayectoria convertido en un migajero más de las corruptas mesas del poder político, engrosando con su nombre –que pudo haber sido ilustre– la lista ignominiosa de aquellos que vendieron pluma, talento e ideas al mejor postor.

Nadie, sin embargo, que conozca el trabajo de Krauze más allá de las letras, debería sorprenderse por la precipitación del otrora prolífico escritor al basurero de la historia. Su eterno maridaje con el imperio de mentiras y desinformación de Televisa –a través de Editorial Clío–, su postura ambivalente y tibia frente a los abusos de los detentadores del poder, y su perenne animadversión a las corrientes opositoras al statuo quo, dan fe de la corrupción moral e ideológica que, desde hace décadas, ha caracterizado a Krauze.

Recordemos, por ejemplo, su posicionamiento frente a la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa, perpetrada por las fuerzas del “Estado” que usurpaba el asesino de Atenco, Enrique Peña Nieto. Mientras la población, apuntalada por miles de estudiantes, exigía la salida inmediata del usurpador, Krauze lisonjeaba las contrarreformas que liquidaron derechos y otras conquistas revolucionarias, limitándose a exigirle a Peña… que pidiera perdón.

Sí, el eminente y sesudo escrutador de la historia, el que acuñó la célebre frase “el mesías tropical” –¿de esa sí te acuerdas, Enrique, o tampoco?– para calificar con implacable ferocidad intelectual a López Obrador; el gran crítico cerebral de la política mexicana, reconocía al usurpador Peña como «presidente» y destacaba la aprobación de las “reformas” en medio de la barbarie y el repudio generalizado de los mexicanos contra ese delincuente.

El presidente Enrique Peña Nieto ha mostrado un liderazgo notable al lograr la aprobación de reformas claves destinadas a reanimar la economía e impulsar el desarrollo del país. Pero ahora debe actuar rápidamente para restablecer su credibilidad política y limitar el daño moral a su investidura. La crisis actual lo demanda.

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Hoy finalmente sabemos que durante aquel espuriato sangriento, Krauze recibió 144 MILLONES DE RAZONES DE PESO provenientes del bolsillo de todos los mexicanos, para legitimar una y otra vez a Peña Nieto, callar ante sus crímenes –o hacer críticas superficiales– y lisonjearlo sesudamente en los momentos de mayor descontento social, desde sus empresas Letras Libres y Editorial Clío.

Su degradación ha sido tal que actualmente es equiparado con personajes de la ralea de Joaquín López-Dóriga, Óscar Mario Beteta, Raymundo Riva Palacio, María Eugenia Rojas, Ricardo Alemán, Pablo Hiriart… y hasta “Callo de hacha”, todos ellos beneficiarios del reparto millonario de recursos públicos que Peña realizó para hacerse propaganda. A ese vergonzoso nivel ha llegado Enrique Krauze, hoy miembro distinguido de las “plumas mercenarias” y el “hampa periodística”. ¿Te suena de algo, Krauze?

Dejemos a un lado la corrupción, los embutes, las plumas mercenarias y toda el hampa periodística. Si se juzga el contenido de la prensa no oficial, a pesar de que no faltan los buenos periodistas, el panorama es desolador.

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Pues no. Las 144 MILLONES DE RAZONES DE PE$O que obtuvo de Peña Nieto, le borraron fácilmente la memoria.

La ironía, Enrique, es que en el futuro serás recordado justamente por haber pertenecido a esa hampa que alguna vez denunciaste, y que tu conveniente amnesia, pero sobre todo tu inmoralidad, te impiden recordar. Vive y muere con eso, farsante.

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