SE REPITE LA HISTORIA: una dictadura retrógrada, corrupta y embrutecida políticamente, vuelve a entregar la riqueza nacional a extranjeros

Óscar García
La Jornada

La introducción de las empresas extranjeras para extraer y beneficiar el petróleo de los yacimientos de nuestro país pretendió ser una medida progresista del dictador Porfirio Díaz en su labor para industrializar a la nación.

En la actualidad, entronizada en el gobierno una dictadura retrógrada respecto a los ideales revolucionarios y por corrupción aliada con una extrema derecha cada vez más embrutecida políticamente, se ha «legislado» para permitir nuevamente el ingreso de compañías petroleras extranjeras para la extracción y comercialización del petróleo del suelo mexicano. La historia comparada nos indica que en la humanidad los eventos que ocurren en un país pueden encontrarse con cierta similitud en otros tiempos del desarrollo de diferentes naciones o de etapas pasadas de la misma nación. La historia es dinámica y todo efecto tiene una causa. Si Díaz resultó intolerable por someter a las clases proletarias y al campesinado en provecho de la clase explotadora nacional y extranjera, la causa de la nacionalización del petróleo mexicano fue asimismo la explotación intensiva de la riqueza natural petrolera con un mínimo beneficio económico para la nación y en base a la explotación de los trabajadores. Si en el pasado fue indispensable recurrir a la tecnología extranjera para crear tal industria en nuestro país, el mismo argumento, de perfeccionar la tecnología para intensificar el desarrollo de una empresa que ya es de las que más surten de hidrocarburos al mundo, resulta cínico porque lo que realmente se busca esa una sobrexplotación competitiva con mínimos beneficios fiscales para México nada comparables con los que, a pesar de la corrupción, genera directamente Pemex.

La perspectiva es el agotamiento acelerado de nuestras reservas petroleras, es decir, el agotamiento del mayor tesoro de la nación. Así como los españoles saquearon las minas de oro y plata empobreciendo al país, la pérdida del tesoro petrolero repercutirá en el agravamiento de la angustia económica de los mexicanos, en la reducción de presupuestos municipales, de los servicios de salud, educativos y culturales, en la devaluación de la moneda nacional, en un incremento del ya creciente despojo de los derechos laborales, de las jubilaciones y, si bien nos va, convertirnos en un miserable Estado Asociado de la Unión Americana como Puerto Rico, pues la historia demuestra que en el momento de la expropiación el país vecino tenía prevista una invasión que sólo la firmeza de Lázaro Cárdenas detuvo. Pero que ahora sería previsible en caso de que se nos ocurriera levantar la cabeza para recuperar el petróleo mexicano. Pero lo más directo será la quiebra de Pemex ante la tremenda competencia. Las condiciones para que la historia vuelva a repetirse, con agravantes, puede resumirse en este panorama:

1886, el dictador Porfirio Díaz otorga el permiso para que las compañías petroleras comiencen a operar; la primera fue la anglo-neerlandesa Royal Dutch Shell conformando la compañía El Águila para hacerla aparecer como mexicana ( en la actualidad la Shell es la empresa industrial considerada como la más contaminante del mundo). Nada impide que entre a formar parte de las industrias protegidas por la reforma actual. Se autorizó también a la empresa norteamericana Water Pierce Oil Company, perteneciente a la Standard Oil Company, la más poderosa del mundo engrandecida ocasionando la quiebra de las de menor competitividad y que actualmente se ha multiplicado bajo los nombres de Exxon, Mobil, Conoco, Phillips, Chevron, Atlantic, Richfield y Marathon. La extracción del petróleo de los pozos llegó a los 12.5 millones de barriles pero los beneficios para México fueron irrisorios, y aun así los intentos de subir los impuestos y los salarios de los trabajadores sólo despertaron protestas y amenazas de intervención militar por parte de los Estados Unidos que culminaron en ser la verdadera causa del desembarco de 1914 para tomar el puerto de Veracruz.

Decretada la expropiación en 1938 por Lázaro Cárdenas a causa de que no se concedían salarios justos a los trabajadores, la Standard Oil de Nueva Jersey, y la Royal Dutch Shell iniciaron un boicot contra México intentando impedir que Pemex adquiriese productos químicos indispensables para el proceso de refinación, como el tetraetilo de plomo, y maquinaria especializada. Este plan fue apoyado por diversas empresas estadounidenses que se negaron a cotizar o vender sus productos, como la Babcock & Wilcox, que vendía refacciones para calderas, la Peden Iron Works, que vendía maquinaria especializada, la Oil Well Supply Co., la Reagan Forge & Engineering Co. y la Gulf Oil Co., que vendían material para perforación, la Wilson Snyder Pump & Machinery Corp, que vendía bombas, la Ethyl Gasoline Corporation, que vendía fluido etílico, la Spang Chalfant Inc., que vendía tubería, la Ingersoll Rand Co., que vendía compresoras de aire, o la Auto Electric Distributors que vendía material eléctrico. Los ingenieros mexicanos resolvieron el problema de la carencia del tetraetilo de plomo, cuya producción se consideraba como tecnología de punta, refinando la gasolina hasta obtener el mismo octanaje. Poco después los estudiantes de química del Instituto Politécnico Nacional y de la Universidad Nacional Autónoma de México lograron sintetizar el tetraetilo de plomo; las compañías que vendían refacciones y maquinaria fueron cediendo cuando México optó por adquirir productos alemanes, italianos o de otros países europeos.

El Departamento de Estado , coadyuvó con el boicot: se suspendieron las compras de plata a México, las dependencias gubernamentales prohibieron el uso de los combustibles mexicanos, se presionó a las compañías navieras para que no transportaran el petróleo mexicano, y a los gobiernos de los países del Caribe para que suspendieran los pedidos de petróleo que habían realizado a México.

La Dutch Shell logró embargar varios cargamentos de petróleo mexicano en los puertos de Bélgica y Francia argumentando que se trataba de petróleo robado

En septiembre de 1962 Pemex liquidó totalmente los pagos correspondientes a la indemnización de la Shell. Después con recursos técnicos y humanos nacionales tuvo una producción impresionante perforando entre 1941 y 1946, 159 pozos, con un éxito del 30%. En 1952 exploró y descubrió yacimientos en una rica zona que bautizó como Nueva Faja de Oro, la cual aportó el 50% de la producción nacional. En 1950 nuestra producción fue de 72 millones de barriles y en 1958, de 93.5 millones. Con el descubrimiento de los campos de Chiapas, en 1974 se alcanzó la cifra de 209.8 millones de barriles y para 1982, con las perforaciones de la sonda de Campeche el volumen de producción anual fue de 1002 millones de barriles.

En 1986, por el incremento de la competencia en la producción mundial, el precio del petróleo se desplomó hasta los 16.50 dólares por barril. Ese año la producción fue de 886 millones pero en 2005 ascendió a los 1237 millones de barriles

Actualmente la producción de crudo se encuentra en torno a 2.55 millones de barriles diarios con lo que según el anterior director general de la paraestatal Juan José Juarez, en su informe anual de 2010, el crecimiento de la producción de Pemex superaba al de casi todos los países productores de petróleo en el mundo. En marzo de 2014 en su informe anual de 2013, el nuevo director general de Pemex, Emilio Ricardo Lozoya Austin, indica que la producción diaria está estacionada en 2,55 millones diarios.

Las reservas probadas de México, sin explotación intensiva y multiempresarial, alcanzan para más de 10 años de producción al ritmo actual. Considerando las reservas probables y posibles, México cuenta con más de 30 años de producción. Decían los tenochcas ¡hemos perdido a la nación mexicana! López Obrador dice “aún queda el referéndum”.

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