Lo que nunca hizo con FeCal y Peña… Prensa derechista se escandaliza por violencia en el país

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En una orgía de amarillismo, escandalización y descalificaciones al por mayor contra el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, presidente de la República, decenas de «medios» identificados con la derecha retrógrada se han volcado en un festín mediático sobre la violencia en el país… lo que nunca hicieron durante los regímenes usurpadores del genocida Felipe Calderón Hinojosa y el asesino de Atenco Enrique Peña Nieto, iniciadores de la barbarie.

Uno de los eventos que han disparado la doble moral de la prensa derechista con su falsa «preocupación» por la violencia, fue la reciente matanza al interior del salón La Potra en Minatitlán, Veracruz, con saldo de 13 muertos y otros tantos heridos de gravedad. Entre las víctimas mortales hay un padre y su hijo de apenas un año de edad.

Perpetrada el pasado viernes 19 de abril por un comando armado, ciertamente la masacre en Minatitlán ha terminado de encender los focos rojos sobre la inoperancia del actual gobierno para frenar la violencia y pacificar al país, lo que AMLO prometió sin mesura alguna durante su campaña.

Según cifras del propio Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, se han cometido casi 12 mil asesinatos en lo que va del gobierno del tabasqueño. Marzo ha sido el mes más violento hasta ahora, con 2 mil 836 víctimas de homicidio doloso y un promedio de 91 personas asesinadas al día.

El panorama no es nada halagüeño, sí, pero, ¿por qué esos medios que hoy se rasgan las vestiduras no alertaron antes sobre la barbarie que dejó el genocida Calderón y que prolongó el asesino Peña Nieto? Fueron 12 años de baño de sangre con el falso pretexto de una «guerra contra el narcotráfico» inexistente –el narco sigue gobernando en el país, más rampante que nunca–, heredando violencia civil, militar y policiaca. ¿No se enteraron de ello los medios que hoy, rabiosamente, exigen resultados al tabasqueño en apenas cuatro meses de gobierno?

Sí se enteraron, pero evitaron politizar la situación como ahora están haciendo sin control. Defendieron, incluso, a los regímenes usurpadores que fueron origen y apogeo de la violencia, babeando por los jugosos contratos publicitarios obtenidos y por obtener. Ahora que el nuevo gobierno ha reducido el oneroso presupuesto que sus antecesores destinaban a la propaganda, comienzan a escandalizar por la grave crisis política, económica y social que no vieron en 12 años.

«La masacre de Los Estanques se dio en un contexto de inseguridad brutal, un clima de violencia que no había alcanzado nunca los picos de este tiempo», opina, por ejemplo, en tono claramente apocalíptico –muy amarillista–, Héctor de Mauleón, colaborador del diario El Universal. ¿En serio nunca se había visto un clima de violencia similar con Calderón o Peña, don Héctor? ¿En serio?

«Viene el Día del Niño y no dejo de pensar en la madre que se recupera de las heridas de bala que sufrió en el ataque de #Minatitlán, probablemente sabiendo que su hijo de un año de edad y su esposo fueron asesinados por los sicarios», tuitea hoy, zalamero, el director editorial de Excélsior, Pascal Beltrán del Río. ¿Alguna vez se lamentó igual por los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa o por las familias de los masacrados en Nochixtlán a manos de la Policía Federal peñista?

Mucho más mesurado pero no menos hipócrita, Sergio Sarmiento, empleado de Grupo Radio Centro y medios similares, opinó en el diario Reforma que «la guerra contra las drogas debe parar, pero de nada sirve decretar el fin de la guerra si se mantienen las políticas que la han provocado, la prohibición y la impunidad.»

¿Acaso Sergio Sarmiento se pronunció en el mismo tono cuando, apenas iniciado su espuriato, Felipe Calderón arrancó esa falsa guerra desatando la violencia? ¿Lo hizo en los 12 años de genocidio y holocausto de mexicanos que encabezaron Calderón y Peña Nieto? No, al menos hasta donde sabemos. Que nos demuestre lo contrario y publicaremos aquí su correspondiente réplica.

Los otros dos individuos aquí citados, eminentes opinadores a sueldo en pasquines de «circulación nacional y gran prestigio periodístico», tampoco fueron muy críticos ni cuestionaron con igual insidia a los regímenes usurpadores que son responsables de más de 300 mil muertos, como ahora responsabilizan a voz en cuello al régimen de López Obrador por la sangrienta herencia que recibió.

Sí, el tabasqueño debe ser criticado, llamado a cuentas y reconvenido por continuar la estrategia fallida de sus antecesores, dirigida en realidad a perpetuar el terrorismo social por encima de garantizar la seguridad de los mexicanos. Porque una sociedad aterrorizada, secuestrada por el miedo y la violencia, es más fácil de someter ante los verdaderos poderes que desgobiernan este país y el mundo: la oligarquía con sus esbirros de la «política» y los falsos «medios de comunicación».

En tal sentido, los mamarrachos arriba citados no tienen autoridad moral para hacer estos reclamos. Son mercenarios de la prensa, farsantes vendidos al mejor postor. Por años callaron sobre la violencia que hoy denuncian melodramáticamente porque sus bolsillos ya no están repletos de billetes. Tengan por seguro que si AMLO diera continuidad al llamado «chayote» –pagos con dinero público a la prensa–, Beltrán del Río y demás merolicos tendrían la boquita cerrada y se limitarían a «informar» a medias, ocultando lo importante y minimizando la crisis social que, desde hace años –no de ahora–, asfixia a los mexicanos, como lo hicieron durante más de una década de regímenes priistas y panistas.

Corresponde a la sociedad y principalmente a los votantes del tabasqueño, hacer los enérgicos reclamos frente a la falta de resultados y, peor aún, al incremento en las cifras de la barbarie. En su momento, AMLO criticó duramente la militarización del país; prometió a diestra y siniestra que, apenas llegado al poder, terminaría con la violencia y traería la paz a los mexicanos. ¿Cómo podría cumplir semejante promesa mesiánica si mantiene vigente el sangriento legado del Felipe Calderón, ahora a través de la Guardia Nacional? Un soldado armado hasta los dientes en cada esquina, en cada rincón del territorio, amedrentando a la ciudadanía. «No se puede combatir el fuego con el fuego», ¿recuerdan, seguidores del «mesías»?

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