AMLO avisa que la mafia quiere imponer a “este señoritingo” y llama al pueblo a IMPEDIRLO, pero… ¿escucharán el llamado?

Andrés Manuel López Obrador, dirigente del partido “Movimiento Regeneración Nacional” (Morena), es perfectamente consciente de que la “mafia del poder” volverá a hacer fraude en 2018, ahora para imponer a uno de sus esibrros mejor portados: José Antonio Meade Kuribeña. Él mismo lo está advirtiendo desde hace mucho y -todavía- con bastante anticipación para impedirlo. El problema es que no hace realmente nada en tal sentido. No encabeza la lucha para limpiar las instituciones, materializar la justicia y garantizar que el voto se respete. No es congruente.

De hecho, en su afán de llegar a la Presidencia sin romper auténticamente con las estructuras que se lo impiden, López Obrador exhibe ya una grave derechización que debería tener muy preocupados a sus seguidores. No sólo se ha rodeado de salinistas y oligarcas emanados de la propia “mafia del poder”, sino que su “Proyecto de Nación 2018-2014” ya dejó de ser alternativo y presenta un claro continuismo de las políticas neoliberales impuestas por los delincuentes que fraguaron las recientes contrarreformas.

Por ejemplo, en el minuto 13:37 de una entrevista realizada este año en algún canal de televisión de Estados Unidos, Andrés Manuel se desdijo de sus promesas sobre echar atrás las “reformas”, particularmente la energética, aceptando la rapiña privada -y peor aún- extranjera en dicho sector. “Van a tener participación empresas privadas, nacionales y extranjeras. No se puede sacar adelante a México sólo con la inversión pública”, lanzó AMLO en franca traición a los principios de defensa del petróleo que por mucho tiempo guiaron su activismo político, y que además utilizó para ganar adeptos y obtener el registro de Morena como partido:



Confróntense esas declaraciones con su discurso en el “Senado” en septiembre de 2014, cuando entregó más de 2 millones de firmas ciudadanas -desechadas de forma expedita- para solicitar una consulta sobre la contrarreforma energética. “Sabemos bien que Enrique Peña Nieto es un traidor a la patria porque está entregando recursos del pueblo y de la nación a extranjeros. También sabemos que este poder legislativo ha sido secuestrado, tomado por la mafia del poder”, sentenció categórico:



Muchísima gente de Morena se ha hecho de la vista gorda frente a este bandazo grotesco e inaceptable. Pese a todo ello, la mafia del poder no quiere nada que huela a “izquierda”. Aún con los gestos evidentes de colaboracionismo por parte del tabasqueño, la oligarquía no está dispuesta a arriesgar, como ella misma lo externó descaradamente en su guerra sucia de 2006, “todo lo que hemos logrado”. AMLO ha debido mantener su dedo flamígero señalando a esa oligarquía con la que hoy busca congraciarse veladamente. Sólo de esa manera pudo consolidar su liderazgo como “opositor” al régimen de simulación, corrupción y complicidades. Por lo mismo, a la mafia no le conviene que llegue a la Presidencia. ¿Qué mensaje recibiría la población si alguien como López Obrador, aún simulando que combate a la mafia sin hacerlo realmente, alcanzara las cúpulas del poder político en este país?

AMLO sabe que en 2018 impondrán al “niño bien portado” de la oligarquía. Lo puede ver tan claro como nosotros en cada una de las señales enviadas por la mafia del poder, empezando por la ofensiva mediática para inflarlo, ensalzarlo y adularlo con desesperación frenética. Pero como en 2012, el mensaje del tabasqueño gira en torno al principio de “sólo el pueblo puede salvar al pueblo”. Apenas el martes 28 de noviembre, López Obrador volvió a convocar al pueblo a “impedir una imposición para que ya no sea la mafia la que elija al Presidente, sino el pueblo de México el que elija al presidente de la República.” Sin embargo, no dice cómo impedir esa imposición. Sus hordas de seguidores asumen que el fraude podrá neutralizarse con el “voto masivo por Morena”, ignorando torpemente lo que enseña la historia desde hace muchos años -décadas-, al menos desde 1988: a la mafia del poder no le importa lo que opine el pueblo, ni dentro ni fuera de las urnas. Aún si los 110 millones de mexicanos votaran por AMLO, el grupo compacto que tiene secuestado al país movería sus hilos, como siempre lo ha hecho, para alterar los resultados, inventar cualquier explicación e imponer a su candidato. Nada ha cambiado de entonces a la fecha para suponer que en 2018 pasará algo distinto.

En efecto, sólo el pueblo puede salvar al pueblo dándole la espalda a esa oligarquía criminal. No se requiere un análisis profundo de la situación para identificar al verdadero enemigo orquestador de los fraudes y usurpaciones presidenciales. ¿Quiénes se han beneficiado con las contrarreformas? ¿Quiénes mantienen e incrementan monstruosamente su riqueza mientras la mayoría de los mexicanos sobrevive en condiciones de pobreza? ¿Quiénes alertan, una y otra vez, sobre la “amenaza del populismo” e incluso advierten descaradamente que intervendrán para evitar el cambio en México?

El boicot económico contra esa mafia es la clave en la lucha contra el fraude de 2018 y la salvación de este vejado país, consumido más que nunca por la corrupción, el saqueo y entreguismo de los criminales que llevan décadas secuestrándolo, pero también por la desidia e inmovilidad de los mexicanos, quienes prefieren sentarse a esperar que un solo líder haga todo lo que compete a la ciudadanía. Ciertamente, cuando ese líder es defraudado y defenestrado, resulta más cómodo culpar a la mafia del poder por todo lo malo que ocurre posteriormente en el país. El cambio empezará cuando reconozcamos nuestra corresponsabilidad en la debacle nacional y hagamos, genuinamente, lo único posible para remediarla: dejar de enriquecer a los criminales de siempre, a los cerebros enajenados por su delirante voracidad, obsesionados con perpetuarse en el poder mantenidos por todos los mexicanos. Ahí radica el cambio verdadero y vamos muy tarde en haberlo comprendido.

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